Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Bienvenidos al Máster, bienvenidos a Barcelona. El recuerdo
de Manuel de Solà-Morales del que querría hablar aquí está referido a mi experiencia en el Laboratorio de Urbanismo, Projectar la Perifèria, que él dirigió entre los años 1991 y 1994. Vine a Barcelona para cursar ese Máster, entre otras razones porque estaba Enric Miralles como profesor de uno de los talleres, pero además por la selección de los demás profesores: arquitectos como Semerani + Tamaro de Venezia, Miralles de Barcelona, Doll + Geuze de Holanda, Zardini de Milán, historiadoras como Bollerey de Delft o Choay de ParÍs, geógrafos como De Matteis de Torino o David Harvey de Oxford, fotógrafos como Aarsman de Amsterdam… invitados al Laboratorio para estudiar y discutir transversalmente sobre proyectos urbanos, enfocándonos en el tema del Centro y la Periferia. Para completar este panorama, Manuel eligió como escenario para el Master el antiguo Teatre de la Casa de la Caritat. El lugar era perfecto, el teatro estaba medio en ruinas e impresionaba por sus dimensiones y sus fantasmas de usos anteriores. Además estaba en el Casc Antic, también en transformación, lo que daba al Máster una base inmejorable para los que llegábamos de afuera, en la zona más densa y compleja de la ciudad.
Los talleres con los profesores invitados eran intensos, y terminaban con una corrección donde Manuel se encargaba, a su vez, de invitar a varios

arquitectos y críticos locales, para que la jornada final de cada ejercicio pudiera recoger el esfuerzo realizado y de alguna manera devolverlo a alumnos y profesores con una buena sesión crítica. Manuel siempre estaba en estas presentaciones finales, ya que las discusiones tenían un altísimo nivel que él mismo no quería perderse. Al acabar, nos llevaba,
estudiantes y profesores invitados, a cenar o a algún evento de Barcelona. Se le veía orgulloso de esta ciudad y así nos la mostraba, ya que la mayoría de estudiantes éramos jóvenes arquitectos extranjeros. Mi primer encuentro con Barcelona fue a través de la colección muy variada de lugares y situaciones que Manuel seleccionaba para nosotros. Recuerdo la vez que terminó el taller de Luciano Semerani: Manuel nos llevó a todos a

cenar y luego a bailar a La Paloma. Nos impresionó verlo en medio de la pista, muy comprometido y divertido, cantándole a Semerani la letra de Peret: Barcelona tiene Poder…
Al final del año, también nos tenía preparada una sorpresa. Nos llevó a todos, al acabar la cena, a pasear en Golondrina por el puerto de Barcelona. Ver el puerto de noche desde el agua, con las luces de los contenedores y los edificios industriales, era una imagen impresionante que no nos esperábamos. De repente, cuando ya habíamos dado la vuelta en el extremo del puerto, Manuel dirigió la aparición de dos grandes cazuelas, que se llenaron con ron y se prendieron fuego. Mientras ardía ese Cremat, cantaron Habaneras -él, el que más-, lo cual nos emocionó a todos.
También tiene interés decir que el Laboratorio duró cuatro años. Esa intensidad de invitaciones, además de la implicación personal de Manuel, dio como resultado unos talleres y trabajos de altísima calidad. Seguro que era muy difícil mantener ese nivel tan alto durante muchos años y Manuel supo cortar la experiencia a tiempo, cuando creyó que podía empezar a decaer el nivel que él esperaba.
Este recuerdo habla de la intensidad y calidad que Manuel ponía y exigía a todos los trabajos en que se implicaba. Difícil olvidar esta experiencia como un momento de gran aprendizaje no solo de arquitectura sino de saber vivir la ciudad, que, para mí, representa perfectamente a su persona. / Barcelona