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Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
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Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Un Próspero moderno.
Asumiendo la prudencia que proporciona la sabiduría, Manuel de Solà-Morales es no obstante siempre fiel a su gran espontaneidad natural, como los chamanes y los poetas. Su entusiasmo contagioso es una aureola invisible, terapéutica para los demás.
Hablando de Ingmar Bergman, Fellini enumeró una vez las cualidades necesarias -según él- de un gran artista; podría haberse tratado de Manuel también: filósofo, vendedor de corbatas, predicador que predica, mago, encantador de serpientes...
Parte de una tremenda capacidad de aprender y comprender, su gran interés por las visiones utópicas en la arquitectura del siglo 20 se tiene que percibir sobre todo como una aventura artística e intelectual en la que él mismo está embarcado: su erudición puede engañar, él está viviendo plenamente el experimento moderno, no es “solamente” el inspirado comentador que instigó tantas tertulias inolvidables.
Muchas veces me ha sorprendido su interpretación benévola - su adhesión, hasta un cierto punto- respecto a proyectos muy radicales, escasamente mencionados hoy, como los de Superstudio o de Archizoom. De hecho, con esta sensibilidad presente, algunas de sus obras más conocidas –L’Illa, el paseo marítimo, Saint Nazaire– otorgan la posibilidad de ver en Manuel de Solà-Morales a un gran utopista que logra construir sus utopías asociándose con el constructor Solness y con el humilde picapedrero; hablamos, pues, de un utopista pragmático.
En un ensayo que se publicó en 2009 relacionado con su proyecto para el barrio barcelonés que emerge en el lugar de los antiguos cuarteles de Sant Andreu, he propuesto una metáfora visual que sintetice las virtudes de la linealidad. El proyecto exalta la energías asociativas generadas por una línea recta que existía antes, el largo paseo de Torras i Bages; su imagen metafórica es una obra efímera de los años 1950, The Line, de Saul

Steinberg, definiendo con brillantez una serie de cualidades que la línea posee: es un dibujo de 10 metros de longitud, transferido a un muro de 40 metros, un sgrafitto realizado para la X Trienal de Arquitectura de Milán, en 1954. El ensayo está articulado alrededor de este dibujo, presentado en toda su extensión. A pesar de su aire inofensivo, The Line es una obra que comporta un alto grado de subversión, desafiando ideas preconcebidas, encadenando insospechadamente visiones contrarias; Steinberg nos hace participar sin esfuerzo en su conversación con Tales de Mileto, Spinoza, Huckleberry Finn, Vitruvio, el barón Haussmann, Blake Edwards, Pascal, Raymond Hood...; hoy parece que la parábola de Steinberg describe a Manuel más allá de las particularidades de aquel proyecto.

Luego, en 2011 tuve la ocasión de describir otro lado de la personalidad artística encantadora de Manuel: integrando un libro dedicado a la nueva torre que alberga la sede de la Telefónica en Diagonal Mar, he escrito un texto que recuerda las cosas significativas en la historia de las torres, y esboza también una breve historia de las ubicaciones de esquina más notables, buscando afinidades con el nuevo edificio. Dentro de este ensayo, un capítulo aparte está dedicado -como bien se debe- a Cities, Corners:
“Por una afortunada coincidencia, el Forum Universal de las Culturas de Barcelona - que en 2004 fue el detonante de la renovación urbanística de esta parte de la ciudad- contaba con una exposición estrella titulada Ciudades, Esquinas / Cities, Corners, premonitoria por lo que respecta al afilado edificio que nos ocupa y que se erige ahí, casi en el mismo lugar. La exposición construía una magnífica incursión en un museo imaginario

propuesto por Manuel de Solà-Morales: célebres construcciones de esquinas de todo el mundo, evocadas aquí mediante enormes maquetas espléndidamente realizadas, que se alternaban en uno de los más sorprendentes hit parades. Solà-Morales, arquitecto y urbanista de gran erudición, llevaba al visitante a pasearse por espacios urbanos ficticios en los que se yuxtaponían secuencias urbanas que, en realidad, podían estar separadas por océanos y decenios. Esa simultaneidad de percepción tenía como finalidad mostrar la vitalidad que pueden aportar a las ciudades los “accidentes” del trazado de sus calles, esos ángulos imposibles que acaban definiendo los lugares más característicos del paisaje urbano...
El venerable Flatiron ocupaba el centro de la escena, naturalmente... Al lado del Flatiron, Solà-Morales había instalado la Torre Kava-nagh de Buenos Aires...”
Verdadero Próspero de nuestros tiempos, Manuel nos mantiene hechizados bajo el benéfico poder de su arte... / Barcelona



-Saul Steinberg, The Line, 1954, 1/5. Tinta sobre papel doblado en 29 secciones, 45,7 x 1.026,2 cm. The Saul Steinberg Foundation, Nueva York. © The Saul Steinberg Foundation/ Artists Rights Society (ARS), Nueva York / VEGAP, Barcelona, 2009.
-Manuel de Solà-Morales, Casernes de Sant Andreu,
Barcelona 2008. Estudio de composición. © Manuel de Solà- Morales, 2008.
- “Ciudades, esquinas – Cities, Corners”.© Mihail Moldoveanu, 2004
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