Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Cuando en 1996 nos dirigimos de parte del ayuntamiento de
Groningen a Manuel de Solà-Morales para pedir su colaboración en el proyecto A Star is Born, la ciudad como podio, Manuel de Solà-Morales ya gozaba de una gran reputación debida a la manera en que había contribuido al desarrollo y a la transformación de Barcelona. Sus trabajos arquitectónicos, además de sus intervenciones urbanísticas y sus diseños urbanos le dieron fama internacional, lo que nos llevó a invitarle para contribuir a dar forma al espacio público (Espacio para Espacio) de Groningen. El resultado fue su diseño para el muelle Winschoterkade, un banco, una plataforma, una ventana; un lugar quieto y contemplativo, como solía decir, aduciendo: “Lo que a mí me interesa no es el diseño de un objeto, sino de un lugar: prestarle significación y claridad a un ambiente que anteriormente fue poco considerable” (y) “a mis estudiantes les suelo decir durante su primera
clase de urbanismo que el tamaño poco tiene que ver con escala”.
Sus observaciones analíticas, agudas, que parecían formar un contraste con su cálida y emotiva manera de trabajar, siempre han formado una rica fuente de inspiración. Cuando formaba parte del Equipo-Q para la realización del nuevo centro de la ciudad de Almere, su modo de ver las cosas llevó a polémicas vehementes con respecto al plan de OMA, al que se mostró leal, pero que más de una vez le obligó a hacer diseños nuevos, a pesar de ser miembro del equipo.
Una vez acostumbrado a la manera de construir y a la cultura de la gestión en mi país, también gracias a su participación activa en el gran proyecto de la curva del río Rin en Arnhem, me resultó más fácil pedirle hacer un diseño urbanístico para el malecón de Scheveningen. (Mientras tanto yo había cambiado Groningen por La Haya). Su diseño es de una calidad verdaderamente asombrosa: un ‘paisaje’ que se desarrolla entre las dunas, la ciudad y el mar, con perspectivas sorprendentes a
la vez que cambiantes entre diversos aspectos de ambiente: una ciudad que adquiere una fantástica forma tridimensional, a mi juicio una verdadera obra maestra.
Claro que me acuerdo de todos aquellos momentos en que, siendo su huésped en Barcelona, Manuel, infatigable y hospitalario, nos habló de la ciudad que amaba apasionadamente, que conocía como la palma de su mano y que había sido fuente de inspiración para muchos de sus proyectos. Por todo esto, para nosotros no fue ninguna sorpresa el anuncio en que la Universidad de Lovaina le otorgaba un doctorado honoris causa.
También las corbatas que ha diseñado a base de diferentes planes urbanísticos -entre otros el de Cerdà para Barcelona, así como el de Berlage de 1908 para La Haya, bajo el nombre de Urbata- de Solà, demuestran su amplio compromiso cultural, su capacidad poética, por no decir su virtuosismo. Su obra representa a toda una generación de gran relevancia. / Groningen