Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
 

“Se trata de cosas urbanas”, escribió Manuel de Solà-Morales. Este arquitecto dedicó su carrera entera a explorar estas cosas, estas maneras diferentes de fer ciutat: añadiendo meticulosamente programas nuevos a un tejido existente, insertando infraestructuras nuevas, creando territorios colectivos nuevos, proponiendo vínculos alternativos o, simplemente, cambiando la manera de ver las cosas.
Una cosa particular que me enseñó es el no estar satisfecho rápidamente. Uno tiene que dibujar y redibujar infinitas veces un mapa, un plano, una sección para llegar a la esencia. Nada de intervenciones rápidas, nunca dar por hecho algo sin estudiar críticamente su contexto, nunca tener prejuicios en el momento de tomar decisiones sobre cómo integrar un edificio, sobre cómo hacer conexiones nuevas entre partes de la ciudad, sobre la manera cómo los habitantes podrían habitar sus barrios... El tiempo sí importa en un proyecto urbano, pero solo cuando te permite estirarlo...

La apuesta incondicional por el proyecto urbano es otra parte de la herencia: los proyectos en Oporto, Lovaina, Saint-Nazaire, Scheveningen, Barcelona o la última propuesta para la Plaza de la Ópera en Amberes, dejan en evidencia el potencial y la eficiencia del proyecto urbano. Su portafolio de proyectos construidos, conjunta y paralelamente a sus teorías urbanas, dan una clara victoria a la escala intermedia. El conjunto de sus proyectos construidos a nivel internacional demuestra, contrario a voces recientes que inauguran la imposibilidad de intervenir coherentemente en un paisaje post-industrial y neoliberal, que sigue siendo posible hacer ciudad, que aquellas cosas urbanas mantienen su importancia.
El œuvre de Manuel de Solà-Morales, en su tono más crítico, exige una respuesta inmediata a una serie de fenómenos contemporáneos de producir, transformar o aprovechar el espacio urbano. Aparte de organizar conferencias, workshops, editar revistas, ampliar redes de contacto, aparte de asegurarnos que nuestros despachos sigan funcionando, no nos olvidemos de pensar y repensar las maneras nuestras ciudades puedan
funcionar. Solamente cumpliendo este requisito, seremos capaces de seguir con la discusión, el intercambio, la construcción, el intento de hacer la diferencia.
Aparte de la muy probada teoría de crecimiento urbano, pensemos también en los procesos de reutilización urbana, enfocando una posible deslocalización de programa -en lugar de aumentarlo-, aceptando los vacíos urbanos como espacios que no necesariamente se tienen que llenar, sino por su potencial hipotético. Evitemos sobreprogramación fácil de nuestros territorios frágiles y dejemos atrás el modelo de la planificación isótropo, el copy-paste landscape, donde todo se parece demasiado. De la continuidad y over-all accesibilidad, podamos fijarnos en la singularidad, dar prioridad al modelo de las diferencias. Pensemos en las contigüidades simples en lugar de conexiones forzadas, dando prioridad a la voluntad de compartir en lugar de la necesidad de proteger, asegurar o separar...
Pensemos dos veces antes de intervenir, es lo que Manuel nos enseñó. / Amberes