Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Las intervenciones urbanas de
Manuel deSolà-Morales (1939-2012) se han basado en enlaces, conexiones, adiciones, superposiciones, cambios de sección urbana que transforman centros históricos, tejidos urbanos, puertos y periferias, a partir de los datos de la realidad urbana, que son tomados siempre en positivo. Este hecho de tomar cada parte de la ciudad como dato de partida comporta que ninguna fórmula se repita, que cada caso sea distinto y que cada proyecto se redefina en función de cada estructura urbana específica.
Podríamos interpretar que Manuel de Solà-Morales proyectó esencialmente links urbanos, operaciones de “linkage”, si recurrimos al término utilizado por Denise Scott Brown. El link sería uno de los patterns urbanos básicos. Los links son, en definitiva, nudos de gran densidad que sirven para coser tejidos limítrofes y reforzar líneas de tránsito en distintos niveles, entrecruzamientos que introducen una nueva sección urbana; suturan discontinuidades y refuerzan las líneas de flujos. Por lo tanto, están esencialmente desarrollados en sección, sobre múltiples niveles y estratos; son esquinas de gran intensidad urbana.
La mayoría de las obras de Manuel de Solà-Morales han sido encargos públicos, proyectados con la voluntad de enriquecer el espacio colectivo con nuevos elementos versátiles –pasarelas, puentes, miradores, pasos subterráneos, paseos–, que estimulan el tejido urbano existente para que sea multiforme; sistemas de objetos en los que no existe distinción entre elementos urbanos y arquitectura, que entrelazan una realidad urbana existente que se toma como un dato nutritivo, como concentración de
flujos y campo de energías. Es ahí donde siempre arranca el proyecto urbano: en la capacidad de hacer aflorar la lógica histórica y humana del lugar, transformándola.
Entre las propuestas urbanas de Manuel de Solà-Morales destacan ciertas tipologías: estaciones multimodales y nudos complejos, en cierto sentido, esquinas, como la de Leuven, Bélgica (iniciada en 1996 y aún pendiente de las fases finales); secciones de los fachadas marítimas, como el Passeio Atlántico en Porto, Portugal (1999-2002); integración y definición de periferias, como la remodelación del antiguo complejo naval de Saint Nazaire, Francia (1998-2002) y el barrio de la Torresana en Terrassa (2006-2012); y complejos urbanos que se sitúan en grandes vacíos urbanos, con la misión de conectar, como el barrio de La Sang en Alcoi, Alicante (1988-2001); la Illa Diagonal en Barcelona (1987-1993), y el conjunto de viviendas y equipamientos en las antiguas casernas de Sant Andreu, también en Barcelona (2006-).
En Leuven se recurre a un complejo de edificios que completan el tejido urbano, articulan en diferentes niveles los distintos sistemas de circulación (la estación de ferrocarril y la nueva estación intermodal de autobuses), reorganizando en el límite del centro histórico, la gran plaza de la estación, el tradicional acceso a la ciudad.
En Porto se reorganiza el espacio público, articulando distintos ejes periféricos de tráfico rodado y peatonal con el frente marítimo, ahí donde Oporto se prolonga en Matosinhos, a partir de una rotonda a distintos niveles que sirve de conexión y aparcamiento, a través de un nuevo paseo marítimo y de un edificio que intenta aglutinar la masa crítica, paisajista y activa del lugar.
En Saint Nazaire se incorpora a la trama urbana lo que era el área marginal de una antigua base militar de submarinos, hecha de gigantescas estructuras de hormigón armado, convirtiéndola en paseo e introduciendo paulatinamente aparcamientos, supermercados, centros de ocio y espacios públicos en los terrenos colindantes.
La Illa Diagonal en Barcelona, proyectada conjuntamente con Rafael Moneo, es un ejemplo de resolución de un edificio de gran escala y complejidad, partiendo de una posición hermenéutica que explica la misma esencia estructural de la ciudad: el paso de la trama tradicional de manzanas casi cerradas y calles casi corredores a la estructura de la ciudad moderna hecha de objetos aislados sobre áreas verdes, que en Barcelona se produce precisamente en este punto. Es, por lo tanto, un edificio-ciudad que hace de rótula entre dos sistemas urbanos distintos.
El barrio de la Torresana en Terrassa es una lección magistral de cómo resolver el límite de la ciudad industrial, en contacto con el campo, mediante manzanas y bloques de viviendas, potenciando la vida de barrio y el sentido de comunidad.
Y el nuevo barrio en las antiguas casernas de Sant Andreu se organiza según una rambla peatonal, un eje que potencia una estructura capilar que anuda las viviendas, los equipamientos y los espacios públicos, cuidadosamente previstos para que garanticen la continuidad del tejido.
En definitiva, son todos proyectos que demuestran una optimista confianza en la arquitectura y el urbanismo, en su capacidad estratégica para mejorar las condiciones de vida de las personas y las cualidades urbanas de los contextos. / Barcelona