Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
“El tiempo presente es sólo de días singulares, y su presencia consiste en instantes. Pero los
días del tiempo pasado, siempre que se lo mandares, parecerán en tu presencia, consintiendo ser detenidos para ser residenciados a tu albedrío; si bien para este examen falta tiempo a los ocupados; que el discurrir sobre toda la vida pasada es dado solamente a los entendimientos quietos y sosegados.” Séneca. Tratado de la brevedad de la vida.
Debo decir que he sido afortunado, ya que a pesar de la distancia que separa a Barcelona de la ciudad de Santiago de Chile, he podido disfrutar de un espacio efectivo de permanente e intensa relación académica, profesional y personal con Manuel de Solà Morales i Rubió, durante un largo tiempo.
En efecto, han transcurrido casi treinta años desde que lo conocí en los comienzos de los ochenta, en las pequeñas dependencias del Laboratorio de Urbanismo de Barcelona ubicado en el subsuelo de la ETSAB, y que aceptó ser profesor guía de mi Tesis de Doctorado sobre el Centro de Santiago en la primera mitad del siglo XX; hasta este Abril del 2011 en que -invitado junto a mis socios de investigación, los profesores Strabucci e Hidalgo a exponer sobre la construcción del Plano de Santiago de 1910– presenté una charla en el mismo Laboratorio de Urbanismo, ahora en el piso cuarto, titulada Últimas noticias del Centro de Santiago de Chile 1875 1910.
Durante todo este tiempo, Santiago ha sido la ciudad que nos ha convocado, y Manuel, en su interés y profunda sensibilidad por ella, me impulsaba a traerla y tratarla, una y otra vez, intentando siempre comprender y entender su forma. Pero además de esa ocasión, propiciada
por el espacio académico generado por Aperitius-LUB, organizado por Pep Parcerisa, Carles Crosas, Jordi Sardà, Maria Rubert de Ventós y Marta Sogas, tuve la ocasión de volver a reunirme con Manuel, sin saber que era la última. Esta vez, fuera de la Escuela y el Laboratorio, en un muy querido lugar del que él era asiduo, el emblemático café casino El Velódromo de calle Muntaner entre Avenida Diagonal y calle Londres en el Ensanche, a cuadras de su departamento ubicado en Avenir 35-37. En lo que atañe al encuentro mismo, además de volver a vernos y conversar de diversas cuestiones y materias que nos han unido el propósito era darle la buena nueva de que la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos había decidido iniciar las gestiones en nuestra Universidad Católica de Chile, para otorgarle el grado de Doctor Scietiae et Honoris Causa.
Esta iniciativa -surgida de algunas conversaciones que había tenido con algunos profesores como Eugenio Garcés, Luis Eduardo Bresciani, Pedro Bannen, Juan Ignacio Baixas, Fernando Pérez, Cristina Felsenhardt, entre otros– quería expresar un público reconocimiento de nuestra casa de estudios a una destacada trayectoria y significativa presencia académica y cultural, en el más amplio sentido, que su obra y pensamiento han tenido en la enseñanza de la disciplina y ejercicio profesional que impartimos a nuestros egresados. Valorábamos en la figura de Manuel, el sustantivo aporte que había tenido en la formación de muchos de nosotros su liderazgo en docencia e investigación desde el Laboratorio de Urbanismo de Barcelona, y en especial la influencia de sus escritos, ensayos, conferencias, textos, así como sus diversas actuaciones urbanas y obras en el
plan de estudios de 1993 y en la enseñanza del urbanismo y el proyecto urbano en la Escuela de Arquitectura. En consecuencia, queríamos testimoniar a través de este grado honorífico, nuestra gratitud por el modo inteligente y culto de pensar la arquitectura como materia prima en su encaje en lo urbano y territorial, cuestión que en muchos de nosotros ha impulsado un trabajo de docencia e investigación sobre las estructuras más profundas que se registran en la ciudad. Como todos supondrán, Manuel recibió con alegría y enorme humildad este reconocimiento que pretendíamos llevar a cabo el año 2012, no sin antes advertirme que si ello no acontecía por los motivos que fueran, ya le era suficiente el juicio y la buena intención que había tenido con él nuestra comunidad toda.
Que lo importante era seguir cultivando esa rica y tensa relación que se ha construido entre nuestra Escuela en Santiago y la de Barcelona, para seguir mirando ambas ciudades y las demás, con cariño, de manera atenta y delicada a los lugares, de modo que nuestras obras tuvieran como resultado una experiencia urbana consistente. Quizás por eso hoy -ante la ausencia de Manuel y la imposibilidad de concretar el grado que deseábamos otorgarle- es que para mí adquiere un mayor valor y significado las palabras que escribió en el libro de su autoría, Cerdá / Ensanche, que en esa memorable ocasión me regaló en El Velódromo, y cuya dedicatoria dice: “Para Pepe Rosas, gran amigo, vigía y puente entre Santiago y Barcelona”. Lo cierto es que sin quererlo, una vez más me indicó en el camino que ocupará mi tiempo, dios mediante, los próximos años. Gracias Manuel. / Santiago de Chile