Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Una tarde en la Alhambra.
El día 18 de febrero de 2008 coincidí en Granada con Manuel Solà-Morales. Habíamos sido convocados a una oposición, junto con Ricard Pié Ninot, Josep Parcerisa y María Teresa Pérez Cano. Resuelta la oposición, que sacó Rafael Reinoso, tuvimos la oportunidad de mantener una larga conversación a lo largo de la visita que realizamos para ver la reciente restauración del Palacio de Carlos V en la Alhambra. La conversación que mantuvimos fue un poco desordenada, como esas en las que intervienen muchas personas a lo largo de un itinerario. Es difícil describir con exactitud las intervenciones exactas. Seríamos un grupo de siete u ocho personas que caminábamos despacio, atentos, y al mismo tiempo algo torpes, siguiendo los comentarios de los guías que, de forma solícita, nos mostraban las salas del palacio restaurado. En la conversación se iban intercalando temas de forma aleatoria, alguna broma, alguna anécdota divertida, la propia historia del palacio, si bien con
un tema central o recurrente, la enseñanza del urbanismo. Alguno le preguntó a Ricard sobre la Escuela de Málaga, de la que era entonces director.
La conversación trascurrió por las nuevas escuelas de arquitectura en España, los comentarios sobre el plan Bolonia, el Proyecto Fin de Carrera en las distintas escuelas allí representadas. La mayor parte de los temas de la conversación fueron de tipo urbanístico. Poco a poco se fue adentrando el debate en las diferencias que había en las distintas escuelas a la hora de enseñar urbanismo. Y fue entonces cuando intervino de forma destacada Manuel Solà-Morales quien abordó el punto crucial de la conversación: el urbanismo debe ser enseñado desde la arquitectura. Los urbanistas parece que a veces nos queremos disfrazar de sociólogos o de historiadores de la ciudad – seguramente ésas no fueron exactamente sus palabras, pero sí fue esa la línea de su argumentación. Hemos de resolver los problemas de la ciudad con los instrumentos y procedimientos específicos del arquitecto. Estamos en escuelas de arquitectura y la tarea es diseñar la ciudad. Que es
distinto que explicarla o describirla. De la misma manera que son necesarios la ayuda y los conocimientos de los geógrafos, los economistas, los abogados o los sociólogos para entender la ciudad desde sus múltiples ópticas, es esencial diseñar la ciudad y, para ello, es menester un determinado conocimiento, una disciplina, un grupo de herramientas, de instrumentos, que deben darse en las escuelas de arquitectura a los alumnos, al servicio del mejor diseño de la ciudad. Nadie va a hacer ese trabajo, si no lo hacemos nosotros, nadie está mejor capacitado para hacerlo. Pero no se trata del trabajo de un autista. La ciudad es poliédrica y ese diseño ha de ser alimentado por los materiales de los estudiosos de la ciudad.
A pesar de ser febrero, hacía buena tarde. Paseamos todavía un largo rato por los jardines de la Alhambra y caminando nos fuimos separando. Llegó el momento de las despedidas y después de abrazo, un apretón de manos, cada uno tomó su camino. / Valladolid