Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
 
Del sótano al ático, 7x24. A veces pienso que con Manuel de Solà-Morales se va una época y a veces deseo que con su muerte brote vigorosa su semilla.
El estudioso disfruta hoy de una biblioteca enorme en su minúsculo ordenador pero, no habrá acabado de hacer uso de ese tesoro de conocimientos, sea para construir una conferencia, un artículo, una clase o una hagiografía ingeniosa de su propio trabajo, cuando esa contribución, quizás premiada más tarde con “sexenios”, prestigio o rentas, ya se haya desvanecido en el aire, por usar una frase coagulada en el éter de la cultura bit.
El proceso de producción de conocimiento prescinde así de la relación personal maestro-discípulo, pudiendo decirse que han desaparecido incluso esos roles. Hoy, los que pudieran llamarse maestros viajan sin apenas detenerse, dando clase simultáneamente en varias universidades, y construyendo edificios en varios continentes. No sé de dónde sacan tiempo para ir al dentista pero, desde luego, sé que no disponen de él para una conversación desinteresada con un amigo. Ni siquiera, me temo, pueden tener amigos. Aún menos, discípulos. Quizás sí, fans…
Yo debo a MSM que me haya conducido a un mundo nuevo. Recién graduado en Ingeniería de C.C. y P. en la vieja Escuela de Madrid, fui
inmigrante privilegiado en 1968 en Catalunya, entre els altres catalans de Paco Candel; aquellos que festejaban a su maestro de escuela de su Málaga natal, que era mi padre, cuando me visitaba en Barcelona. Aquellos que vivían en lugares como el Camí del Fondo de Badalona, donde yo me iniciaba en el trazado de calles y en la recomposición de tejidos en la oficina para la revisión del plan comarcal, de la plaza de Lesseps, en un trabajo que dirigía, con J. A. Solans, nuestro MSM, recién obtenida su cátedra de Urbanismo en la ETSAB. Allí aprendí de él a ligar compromiso político-social -estoy hablando del año 1970- y trabajo profesional, dimitiendo de mi cargo de funcionario, secundando la oposición frontal de MSM a la ACTUR de Riera de Caldes. Fui recibido muy generosamente en el grupo que se dio en llamar el LUB, ubicado en el sótano de la ETSAB, donde preparábamos las clases- recuerdo que las mías eran orientadas muy en detalle por el maestro- y estudiábamos en libros de la biblioteca personal de Manuel, abierta a temas geográficos, sociológicos, de historia económica, de teoría de sistemas… Allá se estaba atento al urbanismo de Italia, de UK, y de USA, pero también a los movimientos populares de Buenos Aires, de Santiago de Chile y Rio de Janeiro… Se trabajaron concursos y temas de investigación como el de “La enseñanza del Urbanismo en España”; se tejían relaciones con otras escuelas de Arquitectura de España y nos llegaban ecos del ingrato y riguroso trabajo de MSM en los tribunales de oposiciones a cátedras, esos que cimentan
enconos duraderos. Allí se atendía a los estudiantes de 9 de la mañana a 9 de la noche.
Y, con mucha frecuencia, el trabajo continuaba en el ático de la casa de Rosa y Manuel, en la mesa de la cocina-comedor, bajo una lámpara que nos acercaba y confortados por una exquisita comida de la que disfrutamos, tantas y tantas noches, sin recato alguno. Allí se preparó el contraplan de la Ribera, se discutieron artículos y revistas -recuerdo los números de Quaderns del AM de Barcelona-, se prepararon clases y conferencias… Se prepararon quiere decir que fueron magistralmente orientadas y/o construidas por MSM.
En aquel ático, pero también, en un pequeño apartamento de Collioure en fines de semana, en la casa de vacaciones que los Domingo y los Gómez compartimos un tiempo en Cantonigrós, en las mesas de mármol del Velódromo, en el frontón del Jai Alay, en la Monumental o en el Molino…, se labraron surcos de amistad que yo no podré separar jamás de la relación intelectual entre discípulo y maestro.
Una relación con la marca del surco de la palabra, la memoria y el afecto. El surco fundacional de todo lo que merece ser fundado. El rito del sacrificio del tiempo y la individualidad en aras de una tarea colectiva, de público interés. Hoy, un arúspice tendría muy difícil encontrar aves sanas para concitar nuevas fundaciones. Y, sin embargo, creo que hay más jóvenes que nunca dispuestos a la entrega. ¿Les podremos dedicar el tiempo y la atención que necesitan? / Granada