Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
No voy a hablar de la obra de Manuel porque
sé que otros sabrán perfilarla a la perfección. Creo que, de Manuel, me lo leí todo. O voy a decir que casi todo. Y siempre acabé choqueado, como empequeñecido ante lo que aquel hombre era capaz de transmitirme y estimularme. Si bastante de mi vida la he dedicado a enseñar urbanismo, seguro que buena parte de ello se debe a lo que me llegó a través de Manuel.
Al margen de contactos puntuales en que coincidí con él (congresos, seminarios, pruebas académicas,...) y que pudieron no pasar de comentarios de mesa o saludos fugaces, en mi caso, aunque discontinua, siempre mantuve una relación con él a través de llamadas telefónicas o correos electrónicos. Sí tengo presente que cuando le enviaba mis publicaciones, por modestas que fueran, él siempre contestaba con algún comentario positivo y estimulante. No lo hacía todo el mundo, pero él correspondía con esos detalles.
Después de mis estancias en Harvard y la oposición a cátedra, se incrementó mi relación con él y con Rafael Moneo. De hecho, bastantes de las conexiones con Canarias de ellos dos y de Joan Busquets, tuvieron que ver con algunas gestiones hechas personalmente por mí.
Con Manuel, sin embargo, hubo tres contactos más
intensos que tuvieron que ver con otras tantas invitaciones que le hicimos a Canarias en las cuales pudimos hablar de cuestiones más personales y donde, por tanto, se pudo fortalecer nuestra relación. Las dos primeras están ya muy distantes en el tiempo.
El contacto inicial fue en Las Palmas, en enero de 1982. Me habían encargado la subdirección de la Escuela, que ejercí durante un par de años en los primeros ochenta y se me ocurrió organizar un encuentro sobre los “ensanches” al que acudieron también, Ramón Losada, José Mª Font, Ángel Martín y Javier Frechilla. Manuel estaba en uno de sus mejores momentos y, tanto por la tarde sobre Barcelona como por la mañana, hablando sobre su obra, estuvo descomunal.
La segunda ocasión fue en abril de 1983, con motivo de un seminario que organizó Juanma Palerm, también en Las Palmas, sobre la “proyectación arquitectónica”. Habían invitado, además de a Manuel, a Gianugo Polesello, Josef
Paul Kleihues y Fabio Reinhart. A Sergio Pérez Parrila, Félix Juan Bordes y a mí, nos tocó hablar y lo que con más intensidad recuerdo es mi preocupación de tener que hacerlo ante Manuel que, al final del coloquio, me dio unas palmaditas. No sé lo que significaron. Seguro que no significaron nada, pero yo quise interpretarlas como,...¡¡bueno muchacho, tú sigue trabajando, que la cosa irá mejorando sola!!
Y la última fue en Tenerife. Me habían encargado la organización de un congreso sobre “el espacio turístico” y sabía que Manuel estaba trabajando sobre el tema en Ibiza. Lo llamé y aceptó la invitación sobre la marcha. Después me costó que viniera, ya que las fechas del congreso habían coincidido con un compromiso profesional suyo en Holanda en el que su presencia ante el alcalde de no sé qué ciudad era fundamental. Al final, todo se arregló pero la cosa estuvo a punto de frustrarse.
El congreso estuvo, como siempre, estupendo, aunque lo mejor fue la cena. Yo soy de los que piensa que Manuel fue creciendo en humanidad y sabiduría con los años, y la cena fue una especie de seminario cómodo, sosegado e interminable.
Allí, en una salita pequeña del Casino de Santa Cruz, no más de ocho o diez personas nos embelesábamos escuchando al maestro...
Y dejó, dejó mucho poso... / Las Palmas