Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
En estos días seguramente muchos de nosotros hemos
hecho balance del legado de Manuel y nos hemos quedado admirados de su trascendencia; viendo cómo cada una de sus aportaciones marcaba decisivamente el rumbo de la cultura urbanística del cambio de siglo, tanto dentro, como fuera de nuestro país.
Seguramente, las claves de dicha importancia están en la intensidad y exigencia en la concepción y desarrollo de sus ideas.
Manuel era capaz de convertir cualquier cuestión, por nimia que pudiera parecer, en motivo de estimulante discusión, en un verdadero ejercicio a la vez intelectual y artístico. No olvidaré una tarde en su estudio, cuando él y Rafael Moneo se enzarzaron en una entretenida y brillante discusión sobre la curvatura más adecuada de la vía de acceso al aparcamiento semienterrado de los edificios residenciales que proyectaban en Lacua. Llegaron a barajar incluso, la idea de utilizar una clotoide, mientras dos colaboradores aguardaban embelesados durante un par de horas, armados con sus rotring, el resultado de sus deliberaciones para poder dibujar dicha solución y finalizar los planos del proyecto.
También vienen a mi memoria los meses dedicados a preparar en el semisótano de la Escuela unas pocas ilustraciones para un artículo
sobre los ensanches en Arquitecturas Bis cuando, a falta de fotocopiadoras que ampliaran o redujeran los originales, Miguel Corominas y yo simulábamos dichos efectos, alejándonos y acercándonos a Manuel, mientras él escrutaba minuciosamente los dibujos que sosteníamos entre las manos.
Tanto en el estudio como en el Laboratorio de Urbanismo se respiraba un aire verdaderamente monacal al empezar la segunda mitad de los setenta. Apenas se levantaba la vista del trabajo, ni una voz rompía el silencio más allá de las reuniones preparatorias de las clases en una pequeña biblioteca. Recuerdo la consternación que causó la ocurrencia de dos jóvenes profesores, recién incorporados, que decidieron celebrar su proyecto fin de carrera solicitando al bar, entonces en la última planta, que bajara unas bebidas y aperitivos. Valía la pena ver la cara de asombro de los mayores cuando el camarero entró ceremonioso con su bandeja en alto, y más aún cuando, poco después, dando un traspiés, desparramó aparatosamente el whisky en aquel santuario.
Aunque también el estudio de Magdalena Sofía, oscuro y frío, se transformaba en ocasiones en lugar de fiesta, baile y celebración, de un concurso o una publicación.
Una querida amiga se refirió a Manuel recientemente como maestro de maestros. Y seguramente, como en los mejores casos, el
magisterio de Manuel se proyecta incluso más en sus profesores que en los estudiantes de grado. Su elevado nivel de auto-exigencia lo demandaba igualmente de quienes le rodeaban. Lo recuerdo en más de una ocasión recriminando públicamente a algún compañero que había acabado de desarrollar una explicación en clase todo aquello que le parecía impreciso o insuficiente.
El hábito que se instituye en los años setenta, y que aún persiste entre los miembros del departamento de urbanismo, el de acudir colectivamente a escuchar las presentaciones de los otros profesores, debatirlas antes, durante, y después de la clase, era parte de la construcción de un cierto espíritu de grupo. Éste se complementaba durante aquellos años setenta con fines de semana compartidos fuera de Barcelona, para debatir algún tema relevante.
Si nos atenemos a la singular trascendencia del pensamiento de Manuel, puede llegar a extrañar que la haya alcanzado con un número no excesivo de artículos o libros. Pero basta ver cómo, en cada uno de dichos textos, la intensidad de su reflexión, la originalidad para descubrir nuevas cuestiones o perspectivas diferentes de algo supuestamente conocido, la fertilidad de las ideas aportadas, su estimulante capacidad de presentarlas y la agudeza crítica de su mirada, los convierten en piezas únicas que marcan un punto de inflexión en la interpretación de aquel tema. / Barcelona