Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Se puede afirmar que el legado de Manuel de
Solà-Morales ha revitalizado el Urbanismo, creando nuevas formas de entender y pensar la ciudad que van a tener largo recorrido.
Para Manuel, el Urbanismo era una cuestión de ideas y de una rigurosa aplicación de las mismas a cada realidad específica. Por ello propone prestar mucha atención a las diversas aproximaciones explicativas de los fenómenos urbanos, siendo, desde este entramado intelectual, que pueden elaborarse aquellas ideas, siempre impulsadas por un compromiso ético con la mejora de los lugares en los que los procesos sociales se involucran y las relaciones cívicas se entrelazan, contribuyendo a la innovación, a la cohesión y a una mayor equidad.
Así, entiende el Urbanismo como producto social y como tal, objeto de debate político controvertido y complejo, en el marco del cual se compromete a formular estrategias y proyectos que aporten luz al uso social de los diferentes agentes que intervienen. Por tanto, propone una cierta autonomía para el trabajo disciplinar como garantía para que la ciudad pueda ser mejor.
El joven profesor de Urbanismo. En su primera época académica, MSM trató de atender a influencias tan dispares como las que había recibido, en su ampliación de estudios, provenientes de Josep Lluís Sert y de los equipos innovadores del GSD y del MIT en Cambridge, donde se priorizaba el estudio de la escala territorial, a la vez que se acuñaba en USA el término Urban Design; así como, en su estancia en Italia, de la corriente de pensamiento de la “ciudad física” y la interpretación morfológica postulada por Ludovico Quaroni - en cuyo estudio había trabajado- y que, más tarde, ejercería también una fuerte influencia sobre arquitectos como Aymonino y Rossi. De manera que su trabajo académico inicial, de vuelta a la Escuela de Arquitectura de Barcelona, se cimenta en mostrar y compartir la riqueza de estas fuentes de pensamiento tan variadas y casi irreconciliables, tejiendo un sistema de referencias y de experimentación tal que permitía, a los estudiantes y a los jóvenes profesionales, orientarse en esos renovados itinerarios profesionales e intelectuales por los que él mismo transitaba. En la Escuela, un nuevo Plan de Estudios se pone en marcha y el joven profesor aprovecha la circunstancia del nuevo Plan 64 para cambiar la orientación y el método de las clases: el reducido grupo de estudiantes de la promoción inicial resulta iluminado por la fuerza de las nuevas ideas y el compromiso con los temas que pone sobre la mesa.
En realidad, aquellos trabajos académicos muestran la preocupación por superar la ciudad “moderna” de la posguerra que tantas dificultades estaba creando en Europa, al tiempo que el propósito de canalizar la energía de los estudiantes de la España del tardofranquismo y sus anhelos de cambio político y social hacia un compromiso necesario con la ciudad; un compromiso que hacía ver, desde su joven magisterio, como una concreción y materialización de una militancia con objetivos más generales. La ciudad en esos años era construida por pesadas infraestructuras orientadas a la movilidad privada y grandes conjuntos de vivienda o “polígonos” que, en general, ofrecían muy escasa urbanidad, pero en cambio eran los lugares donde la mayoría de la población residía y trabajaba. Algunas voces en España ya empezaban a reclamar un cambio de modelo pero la universidad estaba todavía en el limbo y la enseñanza del urbanismo estaba anclada en los modelos tradicionales de planificación. El empeño de MSM será mostrar que existen otros patrones para comprender la ciudad y establecer estrategias para recuperarla, no tanto desde referencias a una forma ideal acabada, sino desde la introducción de otras lógicas que permiten integrar lo existente con lo nuevo, que trabajan con infraestructuras más integradas y urbanas, que atienden tanto al proceso como al resultado.
Debe recordarse, inserta en estos primeros años de su fuerte compromiso académico, su participación, corta pero muy intensa, en los últimos 60’s, en la planificación metropolitana de
Barcelona, finalizada bruscamente con su dimisión, crítica con las propuestas del gobierno central tan antagónicas con la cuidadosa reurbanización de las periferias de la ciudad central que su trabajo proponía.
MSM tenaz investigador. La riqueza de estas fuentes de aproximación le permiten ir más allá, inspirando la creación del Laboratorio de Urbanismo de Barcelona (LUB), en 1969, con un pequeño grupo de jóvenes graduados que se convierten en sus discípulos. El trabajo fundacional es arduo, como siempre en estos casos, y son los trabajos de investigación y docencia en la ETSAB lo que cohesiona el grupo y potencia su influjo.
Temas como la Urbanización Marginal, la enseñanza del Urbanismo, la comprensión de los procesos urbanos a través de Las Formas del Crecimiento Urbano el impacto de las infraestructuras en la ciudad, los proyectos de “ Ensanche” de las ciudades españolas y su papel generador de plusvalor…; su curso -y muy posterior edición- Diez Lecciones sobre Barcelona, explicando la ciudad a través de las ideas y los episodios fundamentales de su construcción, ha supuesto una aportación metodológica ejemplar; para MSM, la metodología es inalienable de la propia investigación que interpreta y construye. Algunos concursos, como el Contraplan de la Ribera para el frente marítimo de Barcelona, o el Centro de Comunicaciones del Delta del Llobregat, sirven para verificar que la investigación, en el vasto campo del Urbanismo, debe ser oportuna y aplicable, resultando, si no es así, marginal y carente de contenidos innovadores. La situación política en esos primeros 70’s, hace que los concursos no proporcionen soluciones aplicables, pero crean el germen de un Urbanismo distinto, la convicción de que es necesario y cuya posibilidad se demostrará en el periodo democrático.
La consolidación del LUB y la creación de nuevas plataformas disciplinares. En los setenta y ochenta el LUB crece, incorporando jóvenes graduados y visitantes, que realizan estudios y Tesis Doctorales. Aparece la revista UR como forma de explicar estos trabajos y ampliar la difusión de otras experiencias internacionales ejemplares. El tema de la propia ciudad de Barcelona es recurrente y se crea un buen numero de hipótesis sobre la forma de la ciudad, sus problemas y prioridades más acuciantes, se aportan nuevas lecturas de la obra de Cerdà, estudios sobre la ciudad histórica y sus barrios, entendiendo que la historia es una condición para entender la realidad porque ilumina el presente y permite proponer acciones de futuro. La importancia de la interpretación del territorio a la escala amplia es puesta sobre la mesa a propósito del Congrés de Cultura Catalana, que se abre con la democracia, y después será retomada con la discusión del Litoral catalán, en una investigación europea. Se abre el camino a nuevas cartografías, es decir, al entendimiento de nuevos espacios y temporalidades; en estos ejemplos, la representación intencionada recupera el dibujo del plano como estrategia inicial de comprensión y de propuesta. Se trata, sin duda, de la construcción de un marco teórico innovador, que ha impregnado a algunas Escuelas de Arquitectura en España y, por simpatía, a otros centros europeos, y que ha revitalizado el Urbanismo, creando una nueva Cultura Urbana para el cambio de siglo: la idea de Urbanismo Urbano, el compromiso entre interpretación de la realidad y proyecto, el trabajo continuado sobre la forma de la ciudad y del espacio público, son cuestiones que hoy nadie discute, pero que eran inexistentes. Cada vez es más reconocido el impacto de esta trayectoria de investigación y trabajo apoyando e inspirando la gran transformación urbanística de Barcelona, que

las fuerzas democráticas han llevado a cabo; sin ninguna duda, Manuel no aceptaría esta autoría pero es justo reconocerle el mérito de haber influido grandemente, formando generaciones de personas y creando esta cultura urbanística que se ha desarrollado en la ciudad.
Su visión de la ciudad global. La preocupación de MSM sobre las ciudades del mundo encuentra un excelente botón de muestra en la exposición Ciudades, Esquinas en el Fórum de las Culturas de 2004. Propone el tema de las esquinas como clave para afrontar la discusión de la calidad urbana y de la urbanidad, en los contextos más dispares. De nuevo la hipótesis creativa, es decir el proyecto, está en la capacidad de formular un armazón a partir del estudio de las ciudades y sus episodios urbanísticos resultan comparables. La exposición mostraba cómo el Urbanismo tiene una dimensión cultural que va más allá de la técnica e invade los Media, y quedaba reflejada en algunas escenas míticas creadas en películas de cine, en la pintura y otras artes.
La experiencia profesional de MSM como investigación aplicada. La complejidad del perfil de MSM se amplía al tener en cuenta su contribución profesional. Ahí es como si pusiera a prueba sus ideas tratando de demostrar su viabilidad en proyectos con emplazamientos y/o programas muy difíciles que resuelve con elegante y aparente simplicidad. El Moll de la Fusta en Barcelona es, sin duda, el test de prueba de lo que podrán ser las Rondas de la ciudad; Manuel acepta el reto y resuelve con gran eficacia la solución: el frente portuario se convierte en el punto cívico de mayor atracción de Barcelona, influyendo en la apertura de las playas a Levante, ocho años después. De igual manera sus proyectos para Lovaina y su estación Central, en el frente marítimo de Oporto, su intervención en Saint Nazaire, el proyecto para la consolidación de las dunas en el paseo de Scheveningen…, suponen verdaderos ejercicios de innovación en las técnicas de proyecto, que asumen la responsabilidad de su ejecución material desde las específicas condiciones locales. Para MSM, Arquitectura, Urbanismo, Infraestructura y Paisaje son variables de una misma ecuación y, en sus proyectos, se resuelven de una forma integrada.
Se trata de iniciativas muy diversas, que cruzan y mezclan escalas normalmente no afrontadas en un único proyecto, lo que las convierte en singulares; Alcoy, Málaga, Tolosa, Badalona, Terrassa, Manlleu…, suponen otras muchas ejemplares referencias. Todas ellas muestran el compromiso ético de Manuel, buscando siempre crear un espacio de maniobra entre el programa del cliente y el proyecto urbanístico, entendiendo que el diseñador da respuesta a la comunidad y no solo al que encarga el proyecto. Sabemos que esta entereza le ha valido no pocas dificultades a lo largo del proceso.
Mención aparte merece su continuada colaboración con Rafael Moneo, formando un tándem inigualable que merecería una atención más detallada; proyectos iniciales para el Centro de Zaragoza, el área residencial Lacua en Vitoria, para la ciudad real de Aranjuez y su normativa de protección, y, sin duda, la Illa Diagonal de Barcelona, nos muestran un sabio despliegue de recursos y una capacidad de innovación estimulada por la fuerza y el contraste de ambas figuras.
La trayectoria de un humanista comprometido con la realidad. Propondríamos, para concluir, reconocer en MSM al ciudadano comprometido con su realidad, a un observador crítico muy agudo, al profesional que conquista con tenacidad la autonomía necesaria para ejercer, a un investigador de gran recorrido multidisciplinar, y sobre todo a un gran profesor y maestro, formador de generaciones, que ha sido capaz de construir conocimiento y crear las condiciones para poner en marcha una nueva Cultura Urbanística tan valorada en Europa. Es justo el reconocimiento público de su esfuerzo, continuamente compartido y puesto al servicio de tantos discípulos, colegas y ciudadanos; un esfuerzo que solo se puede agradecer desde la utilización adecuada de su legado, profesional, cultural, social y ético.
Muchas gracias, Manuel, mentor y maestro. Hasta siempre. / Barcelona