Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Más que un arquitecto y urbanista. Manuel de Solà-Morales será
recordado sobre todo como urbanista, y por su magisterio universitario. Pero vale la pena destacar, ante todo, que fue un urbanista especial por la voluntad que tuvo en los años 1970 por vincular el urbanismo con las ciencias sociales. Y más todavía, debe ser asimismo considerado como un científico social.
Le interesaron en especial dos disciplinas: la economía, hasta el punto de realizar la Licenciatura en Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona, que obtuvo en 1966; y la geografía, cuyas obras clásicas conoció muy bien, por ejemplo las de Max Sorre, que citó en ocasiones, y especialmente la tradición de la geografía urbana, desde los estudios de Raoul Blanchard a los de Georges Chabot o Pierre George.
Creo recordar que fue él quien buscó en 1968 la relación con los geógrafos barceloneses; y como yo impartía la asignatura de Geografía Urbana en el recién creado Departamento de Geografía de la Universidad de Barcelona, la conexión personal era inevitable. Para los geógrafos, además, especialmente provechosa, ya que los trabajos que empezaron a publicarse en los cuadernos del Laboratorio de Urbanismo de Barcelona suponían una verdadera renovación en los estudios de morfología urbana.
Conocí y aprecié inmediatamente el número sobre juegos y simulaciones, y el trabajo de Josep Muntañola sobre la estructura de la propiedad y la morfología del suburbio, que me impresionó mucho, así como más tarde los que se dedicaron a los polígonos de viviendas, a los ensanches de las ciudades catalanas y al hábitat marginal. A través de Manuel y de otros arquitectos barceloneses pude conocer también los trabajos de urbanistas
italianos y de otros países sobre morfología de las ciudades. Estas investigaciones suponían nuevas perspectivas en los estudios urbanos que se realizaban en aquellos momentos en España.
Éramos casi de la misma quinta, él dos años mayor que yo, y la relación personal fue muy fácil y fluida desde el primer momento. Yo trabajaba, a fines de los años 1960, sobre redes de ciudades, pero me interesaba también la morfología. Él se interesó por lo que hacíamos en el Departamento de Geografía de Barcelona y sé que apreció el libro Capitalismo y morfología urbana en España, donde cité ampliamente los trabajos que el LUB estaba realizando.
En 1974 me invitó a participar en el tribunal de Tesis Doctoral de Joan Busquets sobre Las coreas de Barcelona, en el que estaban el mismo director, lo que entonces era habitual, Rafael Moneo y Antonio Font. Recuerdo la intervención de Moneo y una discusión sobre el origen del término ‘corea’. Luego he tenido ocasión de participar en otras muchas Tesis doctorales dirigidas por él y por diferentes miembros del LUB.
Manuel Solà-Morales será recordado también como un científico social y una personalidad muy influyente en las ciencias sociales. Sin duda, algunas de sus aportaciones son propias de un científico social, como las que hizo sobre características urbanas utilizando el análisis factorial, o las descripciones que efectuó del territorio metropolitano y comarcal de Cataluña.
Quiero destacar asimismo la importancia de la colección Ciencia Urbanística, que dirigió en la editorial Gustavo Gili a partir de 1970. Entre la veintena de libros que en ella se publicaron hay varios que yo incluí habitualmente en la bibliografía de mis cursos de Geografía Urbana y, en algún caso, de Geografía Humana. Especialmente, en lo que se refiere a esta última asignatura, debo
destacar la trascendencia que tuvo su edición del libro de Peter Hagget Análisis locacional en Geografía, que permitía conocer una obra y un autor esencial en el movimiento de la geografía teorética y cuantitativa.
En los años 1980, su preocupación por el urbanismo de los arquitectos y por la especificidad del campo de la arquitectura y del urbanismo le apartó un poco de sus anteriores temas prioritarios, le introdujo otras preocupaciones en un momento en que la geografía, por cierto, realizaba una evolución muy significativa que la llevaría a estudiar el parcelario y otros aspectos que ante no eran tan frecuentes y que serían abordados por los trabajos de M. R. Conzen, de J. W. R. Whitehand y otros autores del Urban Morphology Group.
A pesar de la nueva orientación del urbanismo, y de él mismo, mantuvimos unas relaciones personales estrechas, que se intensificaron de forma ocasional y volvieron a hacerse institucionales en los años 1990, cuando organizó el Master sobre Proyectar la periferia y se interesó nuevamente por las dimensiones territoriales, o con ocasión de la participación en actividades cívicas.
Recuerdo haber hablado con él de urbanismo, de ciencias sociales, de compromiso cívico, de música, de literatura y otras cuestiones. Era brillante, imaginativo, afable y generoso. Tenía una vasta cultura, le interesaban las cuestiones más diversas, y siempre sorprendía la amplitud de sus conocimientos. Una parte de ellos procedían, seguramente, del mismo ambiente familiar de arquitectos. Al igual que respecto a su hermano Ignacio, a veces me pregunté si no había estudiado arquitectura por esa tradición familiar, y si en realidad hubiera preferido ser un científico social. En todo caso, lo fue, y quiero dar testimonio de que su magisterio llegó también a las ciencias sociales. / Barcelona