Valentina Acierno
Vicens Vidal
Victor Rahola
Xabier Eizaguirre
Xabier Unzurrunzaga
Xavier Fàbregas
Xavier Monteys
Xavier Rubert de Ventós
Zaida Muxí
Àlex Giménez
Amador Ferrer
Angel Martín
Anton Pàmies
Antoni Llena
Antoni Marí
Antonio Font
Aquiles González
Ariella Masboungi
Axel Fohl
Beth Galí
 
Mesas y sobremesas.
Colaboré con Manuel de Solà-Morales en dos
ocasiones: la primera, cada tarde a lo largo de casi dos años en la preparación de la exposición Ciutats, Cantonades, de la cual él fue comisario, en el marco del Fórum Barcelona 2004, y la segunda, durante una mera pero intensa semana navideña del año 2007 puliendo a razón de dos capítulos por noche la traducción al inglés de sus magistrales Deu lliçons sobre Barcelona. Ambas experiencias y la amistad que nos unía me han marcado de forma indeleble. Su rigor y curiosidad eran contagiosos. Su gran interés por la ciudad - en sus palabras, “lugar plural y contradictorio” con esquinas materiales pero con “un punto de magia, de misterio” - era inseparable de su preocupación por quiénes la habitan: las personas.
Estar embarcado en un proyecto con Manuel requería ser corredor de fondo: mucha constancia, disciplina, momentos arduos sin vislumbrar del
todo la meta, pero también el disfrute, siempre latente, y la promesa de la llegada, del acierto. E intuyo que Manuel entendía a la perfección que para el corredor de fondo el descanso forma parte imprescindible del entrenamiento, sin el cual se lesionaría. Con su presencia, la tertulia de la sobremesa (doméstica, urbana, playera…) a veces muy larga, inevitablemente distendida, siempre estimulaba. Conocí a Manuel por primera vez en una boda en 1985; compartíamos mesa con unos diez comensales más, muchos de ellos de Arquitecturas Bis. Desde aquella vez, han habido un sinfín de mesas más: cuando en la barra de un bar, me invitó a participar en la exposición del Fórum, o bien trabajando codo a codo en su estudio en la calle Esperança, o en las reuniones con el Comité Científico y otros colaboradores de Ciutats, Cantonades, o en su casa un domingo por la mañana, café en mano, para cumplir con una entrega del texto en inglés de sus Deu lliçons, o bien en Barcelona o Artà en la inestimable compañía de Rosa…
Era precisamente en una altísima tapia del jardín de su casa en Artà donde esta neoyorquina vio por primera vez, como si de una gran cabellera se tratara, un alcaparro, planta mediterránea por excelencia capaz de exhibir a la vez capullo, fruto y flor. Y recuerdo con qué deleite y simpatía recibieron, creo tanto Manuel como Rosa, mi desconocimiento y asombro.
Y este recuerdo me remite a la cita con la cual Manuel abrió el primer texto del catálogo Ciutats, Cantonades, una cita de Aristóteles difundida por Richard Sennett: “Una ciudad está compuesta por diferentes clases de hombres; personas similares no pueden crear una ciudad.”
Pues, me hizo ver (y sospecho que también a muchos) hasta qué punto la diversidad cultural, incluso en lo mundano, es campo fecundo. / Barcelona